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domingo, 5 de julio de 2009

PERSECUCIÓN EN EL ÁMBITO LABORAL SERÁ PENADA

En los últimos cinco años, el Ministerio de Trabajo recibió 17 denuncias por este tema. Son muy pocos los que se animan a contarlo, por temor a perder el empleo.

Adquiere las formas más diversas, pero aún disfrazadas terminan siendo acoso sexual laboral o docente. Un proyecto de ley ya tiene media sanción, y de ser aprobado penaría al victimario o la empresa que no tome medidas. Temen mal uso para beneficio propio.

Puede aparecer como un chantaje: "Si te quedás esta noche conmigo, puedo conseguirte un aumento de sueldo o recomendarte para un puesto mejor". Puede adquirir la forma de una amenaza: "Si no cedés, voy a hablar con tu marido (o tu mujer, o el jefe o los compañeros) e inventar cualquier cosa para dejarte mal parado/a". Puede prescindir de palabras y decir presente con un roce intencional, un acercamiento impropio o un contacto físico desubicado. Puede, incluso, asomar de manera mucho más soslayada, casi inconsciente, bajo la apariencia de una broma sencilla, inocente. Sin embargo, el acoso sexual nunca es inocuo.

Según un proyecto de ley que ya fue aprobado por el Senado y ahora espera el sí de Diputados, cualquiera de esas situaciones puede catalogarse como tal. El tema, antiguo, común, ignorado, ha sido carne de debate durante años pero, finalmente, en esta legislatura podría ver la luz. Luego de una ardua discusión que durante meses mantuvieron gobierno, trabajadores y empresarios, se llegó a un consensuado proyecto de ley que espera legislar sobre el acoso sexual en el trabajo y en la relación alumno-docente. Con media sanción en el bolsillo, y acuerdo de todas las partes involucradas, su promulgación es más probable que nunca.


De aprobarse, cualquiera de los escenarios mencionados podrán derivar, investigación mediante, en sanciones de diversa índole, que van desde el despido del acosador a la indemnización económica para la víctima.

Tanto desde el sector empresarial como desde el de los trabajadores reconocen que el proyecto es perfectible. El mayor miedo es el uso inapropiado que pueda dársele a la ley, por ejemplo de parte de empleados que deseen dañar a un compañero o jefe, o a la misma empresa. Por otro lado, admiten que ninguna reglamentación está libre de mal uso, y que ese no puede ser un obstáculo para legislar.

El consenso: estas situaciones -"duras", "denigrantes", capaces de hacer "enfermar" a las víctimas, que en general terminan renunciando a sus puestos para no soportar más el acoso, según afirmaron consultados empapados en el tema- existen "desde que el mundo es mundo", y ya es tiempo de comenzar a desincentivarlas, en pos de un ambiente de trabajo más saludable.

"ALGO HABRÁ HECHO".

Desde mediados de 2004, fecha en que comenzó a llevarse registro, la Inspección General de Trabajo (IGT) del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) recibió 17 denuncias por acoso sexual en ámbitos laborales. Según detalla la directora del órgano, María Narducci, se dio trámite a tres denuncias en 2005, tres más en 2006, dos en 2007, cinco en 2008 y cuatro en lo que va de 2009. En 2004 no hubo ninguna. Los sectores involucrados fueron: gastronómico, industrial, agroindustrial, actividad marítima, comercio y servicios (estos dos últimos por lejos los más reiterados).

Las cifras generan gusto a poco para un universo tan vasto como el de los uruguayos activos, pero los involucrados recuerdan que el tema "es muy delicado", y que no sólo hay reticencia a la denuncia por miedo al "qué dirán", sino por desconocimiento; hay quienes aguantan asumiendo que nada se puede hacer. Sin embargo, aún sin ley, algo se puede. Hoy el tema se regula aplicando la normativa nacional e internacional no específica sobre acoso sexual, como la ley 16.045 o el decreto 37/1997, que prohiben la discriminación laboral por género. Además, desde 2006 "existe un protocolo de actuación inspectiva para las denuncias" sobre estas situaciones y la propia IGT tiene procedimientos a seguir, explica la abogada del órgano Adriana Adano, integrante de la Comisión Tripartita de Igualdad de Oportunidades y Trato en el Empleo que elaboró el proyecto.

Con menos formalismos, las denuncias llegan a todos lados. Carmen Beramendi, directora del Instituto Nacional de las Mujeres (INM) del Ministerio de Desarrollo Social (Mides), ha recibido decenas, tanto como ha atestiguado casos que recuerda de otrora. "Estuve directamente vinculada a situaciones muy terribles, abusivas, en las que alguien aprovechaba su situación de encargado para intentar obtener un favor sexual a cambio de interceder para conseguirle un cargo mayor o concretamente, como mucha gente trabajaba a destajo, ponerle como que marcaba más (tiempo). Eso era terrible. Y en aquel momento no sólo no se reconocía el tema, sino que en general, y eso es lo que más ocurre, se invertía el razonamiento y se colocaba el foco en la mujer: `qué habrá hecho ella` para que le suceda eso".

El "algo habrá hecho" se cuela fácilmente cuando hay sexo involucrado. Porque además, haciendo a un lado los escenarios más concretos (como los chantajes, las amenazas o el abuso físico), hay un extenso abanico de situaciones más difusas que también pueden configurar acoso sexual. Ejemplo 1: un empleado varón entra a trabajar a un ambiente muy femenino, lleno de mujeres, por lo que se convierte en víctima constante de bromas y tomadas de pelo que lo llevan a sentirse incómodo. Ejemplo 2: un grupo de varones llama a una compañera para mostrarle fotos pornográficas en una computadora, acompañando el hecho con comentarios obscenos, lo que genera gran molestia en la mujer.

El acoso puede darse entre personas de igual o distinto sexo -lo más común es de hombres a mujeres-, puede haber una relación de jerarquía o no -la mayoría de los casos denunciados en la IGT correspondían a un acoso horizontal, entre pares-, puede ser directo o "entrelíneas", voluntario o inconsciente. ¿Cómo detectarlo? El proyecto de ley lo define como "todo comportamiento de naturaleza sexual, realizado por persona de igual o distinto sexo, no deseado por la persona a la que va dirigido y cuyo rechazo le produzca o amenace con producirle un perjuicio en su situación laboral o en su relación docente, o cree un ambiente de trabajo intimidatorio, hostil o humillante para quien lo recibe". La Intendencia de Montevideo, pionera al incorporar la figura de acoso sexual en su digesto, lo sintetizaba así en una campaña de difusión interna: "Si te molesta, es acoso".

Por eso, no se tipifica como tal un juego normal y consensuado de seducción entre dos compañeros de trabajo, que es uno de los primeros errores que se producen. "Una vez leí que en un debate similar en México, un legislador dijo: `Nos están haciendo perder una de las cosas más lindas de la vida`. Quien dijo eso no entendía bien de qué se trata. Lo dijo desde la ignorancia de lo que produce el acoso en quien lo sufre. Acá hablamos de situaciones que generan angustia. Yo he conocido mujeres que llegaron a enfermarse", ilustra Beramendi.

Tener un pasado romántico en común con el acosador no lo exime de sanciones. O sea, si una vez terminada una relación de pareja entre dos compañeros, o entre jefe/a y subordinada/o, uno de los dos se rehúsa a cortar el vínculo e insiste con volver al punto de hacer insostenible la situación en el trabajo, se puede configurar acoso sexual.

RESPONSABLES.

¿Cómo probarlo? Esa es el área más fangosa del asunto, ya que generalmente estas circunstancias carecen de testigos. La mayoría de los casos ocurre en ambientes aislados, donde interactúa poca gente o donde es posible ocultar ese proceder. Las trabajadoras domésticas engrosan la lista, al igual que "el sector de la pesca y los frigoríficos", dice Ofelia Ogara, de la Comisión de Equidad y Género del Pit-Cnt y representante de los trabajadores en la Tripartita. "Tenemos claro que es tan difícil obtener pruebas que muchas personas sólo consultan y no denuncian", añade.

El proyecto de ley prevé una investigación a cargo de la empresa, o bien de la IGT, también receptor de las denuncias, donde trabajan abogados especializados en el tema. Narducci, directora del organismo, admite las dificultades: "El acosador, si realmente lo es, tendrá especial cuidado de poner en evidencia su intención (...). Además, si ocupa un cargo de jerarquía, obtener el apoyo de personas dispuestas a brindar su testimonio es aún más difícil por el temor a perder el trabajo". Por eso, la norma dicta que en caso de que se recurra a testigos -cada lado puede presentar hasta cinco- la información sobre éstos deberá reservarse e incluso no serán identificados en el expediente.

Si logra probarse, las consecuencias diferirán de acuerdo a la gravedad de la situación. El acosador (o la acosadora) podrá ser despedido "por notoria mala conducta". La víctima podrá reclamar una indemnización mínima equivalente a seis sueldos o, si así lo prefiere, considerarse indirectamente despedido/a, por lo que deberá sumar esa indemnización especial a la común. Para Ogara, este punto es un logro ya que en general las víctimas de acoso terminan renunciando, perdiendo todo derecho, aunque admite que se hubiera preferido una indemnización más alta.

¿Quién paga? "El responsable", dice el proyecto. Léase el acosador, o bien la empresa, si es que jerarcas estaban al tanto de la situación y no hicieron nada para revertirla. Esa fue una de las modificaciones que estableció el sector empresarial para esta ley. Proyectos anteriores ponían al empleador como responsable ante cualquier mala conducta que se diera dentro de la compañía, "lo que nos parecía muy grave", apunta Laura Acuña, representante de las cámaras empresariales en la Tripartita, quien a su vez admite que el sector no ha realizado un "diagnóstico" de la cantidad o gravedad de los casos de acoso sexual laboral y confiesa que no lo ven como "una problemática esencial", pero sí "una conducta que lesiona las relaciones laborales".

cuestión de poder. La mayor preocupación del empresariado reside en el mal uso que pueda darse a la ley. Beramendi, quien como integrante del gobierno también participó en la realización del proyecto, opina que ninguna norma está exenta de esa práctica. "Me acuerdo de un debate que se produjo en televisión cuando se planteó el primer proyecto sobre acoso sexual. Un diputado me dijo que eso podría ser aprovechado por una mala trabajadora para ser echada (con más beneficios). Pero eso podría suceder en cualquier caso. `Usted me está hablando del margen de una ley, que puede estar presente en ésta como en cualquier otra, sin embargo este argumento sólo se lo escuché ahora`, le dije". De acuerdo al proyecto, si tras la investigación se prueba engaño, el denunciante podrá ser despedido y pasible de acciones penales. Desde el Pit-Cnt, Ogara comparte que debe haber penas en caso de falsedad, pero apunta: "Pensamos que no habrá un aprovechamiento de este tipo porque conocemos la realidad; la mujer que llega a denunciar acoso lo hace en una situación terrible, señalada con el dedo por los compañeros de trabajo, por la gente que la conoce, por la pareja".

Los efectos emocionales del acoso son un capítulo aparte. La psicóloga Ana Laura Cianci, directora técnica de la consultora Curbelo & Cianci, tuvo su primer acercamiento al tema cuando debió coordinar una jornada sobre acoso sexual a pedido de una empresa cliente, en la cual existió un episodio de este tipo. Para ella, está claro que en estas situaciones hay siempre presente una cuestión de poder. "El acoso sexual está vinculado con la impotencia, el temor, la humillación. Siempre hay una relación de poder, no necesariamente jerárquico. Alguien tiene el poder de echarte, de chantajearte, de dejarte pegado. Hay miedo a perder el trabajo y el estatus social". En ocasiones, incluso, el acosador ni siquiera tiene un interés sexual, sino que desea demostrar u ostentar su posición, o lo utiliza para menoscabar a un colega que está peleándole un puesto.

Cianci notó que muchas veces el acosado cae en la trampa de minimizar la situación -"bueno, es un chiste, fue una vez, no es importante"- y resignarse por dudas y temor -"si denuncio, quedo como un/a histérico/a, tal vez soy yo que estoy interpretando mal"-.

La incomodidad enciende la luz roja. Cabe recordar el eslogan de campaña de la IMM: "Si te molesta, es acoso. Si te molesta, decilo".

Hay "muchos casos" en centros educativos

Si bien tradicionalmente el foco legal se ha orientado hacia el acoso sexual en el trabajo, el proyecto de ley actual también se refiere a episodios que puedan darse en la relación alumno-docente.

María Elena Martínez, directora de Derechos Humanos del Ministerio de Educación y Cultura, señala que cuando se redactó el documento "se pensó que era un caso lo más similar posible (al escenario laboral), porque se trata de un lugar donde hay mucha gente junta trabajando y una situación de subordinación", razón por la que se aprovechó para incluir esa posibilidad, sin olvidar que "en el ámbito educativo está el ingrediente de que las víctimas de acoso pueden ser menores de 15 años, con lo cual cualquier tipo de acceso sexual, aunque sea consentido, se considera violación. Entonces veíamos interesante prever la situación".

Aunque no hay ningún tipo de estadística, "se sabe de muchos casos", asegura Martínez. Actualmente, las denuncias pueden realizarse en la dirección de los mismos centros, o en los consejos de educación correspondientes. Al igual que en el acoso sexual laboral, el proyecto establece que debe investigarse y, en caso de confirmarse, el docente será sancionado, y el alumno podrá recibir una indemnización equivalente a seis sueldos del profesor o trabajador responsable. También se maneja la posibilidad de una falsa denuncia. "No hay que descontar que a veces, para vengarse de situaciones y perjudicar a un profesor, hay adolescentes que denuncian por acoso. Han habido casos. Es difícil, y fue planteado por eso", dice la funcionaria del MEC. Tampoco se desconoce que pueden existir casos a la inversa: acoso del estudiante hacia el profesor. De hecho, admite Martínez, las falsas denuncias pueden ocurrir a partir de esas situaciones. Pero no es algo que contemple el proyecto.

Para la psicóloga Ana Laura Cianci, en estos episodios vuelve a ser central la relación de poder. "Es más grave, porque el vínculo es equiparable al de médico-paciente; aunque sea adulto, el alumno está en una relación experimental, en una posición de inferioridad, como pidiéndole al docente `ayudame`, `atendeme`. La situación es más compleja, y mucho más grave".

¿Ha visto episodios en su ÁMBITO LABORAL?

"Fui testigo de dos situaciones de acoso en una empresa donde trabajé. Ambas mujeres acosadas por sus respectivos jefes. Todo el mundo lo sabía (hasta el gerente general) y nadie actuó. Las dos siguen trabajando dependiendo de ellos... una tortura. Aprendieron a bancársela marcando el límite cada día. Es muy duro, yo no hubiera aguantado y seguro renunciaba mucho antes. Pero a veces la necesidad tiene cara de hereje y cuando el trabajo es bueno, pagan bien, y se tiene un hogar que mantener... no se puede tomar esa decisión". Mae, 32 años, Lic. en Sistemas.

"Sí. En mi trabajo, un directivo cuando yo bajaba del ascensor, me toco el trasero aprovechando que ya se cerraba la puerta. Qué asco me dio, y qué impotencia. Si lo decía, lo más probable era que me echaran a mí por la fuerza política que él tiene. Solicité hablar con el director administrativo por el tema, y está `tan ocupado` que nunca me atendió. Y así quedé yo, con mi bronca, calladita la boca sin poder hablar con nadie". Graciela, 49 años, empleada.

"No, y no tiene sentido la ley". Darío, 37 años, docente.

"Sí, hace unos años en el trabajo". Paola, 25, administrativa.

"No me ha pasado, he conocido casos, casi siempre confusos. Pero considero que esa ley podría dar lugar a falsas denuncias de estudiantes, ya que es habitual, hoy día, que éstos agredan de diferentes maneras a los docentes como represalia ante calificaciones que no aceptan u observaciones a su conducta". Silvia, 59 años, docente.

"Sí. En mi trabajo, por un compañero, aunque no trabajaba en mi área". Rosana, 32, administrativa.

"En el instituto secundario al cual concurro actualmente, hay un profesor que tiene tendencia a insinuársele a mis compañeras, somos varias mujeres y un solo varón en clase. Además, este docente hace alusiones a chistes sexuales con el compañero varón de nuestra clase. Mis compañeras probablemente no hayan notado que eso sea acoso sexual, pero el profesor se sienta en un banco contiguo al de la chica, toma su mano y se la acaricia. Esto me ha indignado, ya que las compañeras que reciben estas `atenciones` por parte del mencionado docente son las que tienen las calificaciones más altas". Andrea, 21 años, estudiante.

"Yo más de una vez fui acosado por mi jefa de trabajo... pero nunca tuve el valor de denunciar estos acontecimientos por miedo a perder mi empleo ya que tengo dos chicos para mantener". Diego, 28, auxiliar contable.
Cuarto intento para una ley

Esta es la cuarta vez que un proyecto sobre acoso sexual en el trabajo llega al Parlamento. Tras el fracaso de los anteriores en 1997, 2000 y 2008, la senadora Margarita Percovich (FA) elaboró el último, que se envió a la Comisión Tripartita de Igualdad de Oportunidades y Trato en el Empleo, integrada por gobierno, empresarios y trabajadores. Como explica la abogada de la Inspección General de Trabajo Adriana Adano, "tras largas instancias de trabajo y diferentes negociaciones, se arribó al proyecto acordado", que hoy se estudia en Diputados.

Todos los sectores admiten que el documento necesitó se cediera en algún punto, por lo que no abarca el 100% de lo que cada uno habría deseado. Sin embargo, destacan como principal valor que sea un proyecto de consenso.

Al respecto, Laura Acuña, integrante de la Tripartita por las cámaras empresariales, aclara que el sector únicamente respaldará la ley si permanece incambiada. "Cualquier retoque que se le haga en el Parlamento implicaría que deja de ser el proyecto acordado".

Fuente: El País digital, domingo 5 de julio de 2009.-

4 comentarios:

ANONIMO dijo...

tengo estudios terciarios,mi jefe no se si termino la primaria hace 4 años me viene persiguiendo,ahora que estoy presupuestado decidi hacerle una denuncia penal por persecucion laboral,por algo hay que empezar

ANONIMO dijo...

esto se da por los acomodos politicos hay que animarse y denunciar,el cambio esta en nosotros mismos

Silvana dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Silvana dijo...

Vaya a modo de denuncia preventiva:
Sobrevivimos en una forma de pseudo-organización del trabajo que impone a casi todos bancar acoso laboral por una mezcla de indiferencia, autoritarismo, ignorancia, etc. generalizados.
Creo que los más honestos (que no entran en jodas) o los más vulnerables (que no tienen recursos) son los focos de ataques de los más codiciosos o los más inmorales. Lo lamentable y grave es cuando la situación se eterniza por el devastador efecto de la sucesión de un jefe incapaz atrás de otro, tan frecuente en particular en las áreas más politiqueras del Estado.
Y como reflexión para eventuales soluciones: ¿y si nos auto-organizáramos en función de nuestro saber hacer certificado y de la experiencia?